Medellín, Mayo 10 de 2011
Señor
PAULO FREIRE
Cordial Saludo
De la manera más atenta me dirijo a usted, con el fin de contarle sobre uno de mis primeros días de clase. Pues bien, en éste primer día, sin duda llegué con el sentimiento que acompaña a la mayoría de maestros novatos, el nerviosismo. Ese día mi seguridad andaba perdida, y lastimosamente las buenas experiencias en prácticas pasadas, no fueron de mucha utilidad para sentirme segura de mi misma, y de los saberes que hacía ya rato había adquirido. Los niños por su lado, llegaron sonrientes y dispuestos, tenían sus caritas rozagantes y me miraban con ojos de sorpresa, pero con gran alegría y sinceridad me dieron la bienvenida, incluso algunos brazos tiernos y cariñosos me rodearon.
Todo éste día era distinto, el aula, los niños, la maestra cooperadora, mi discurso, todo era nuevo. Y, el pensar que podría ser capaz o no, de cumplir con las muchas expectativas de la institución y de la maestra cooperadora, me hacía sentir, que era mucho más lo que la institución me podría enseñar, que lo mucho que yo pudiera llegar a aportar. Sin embargo, traté de dar lo mejor de mí y así siento que lo hice, aunque para muchos no fue suficiente, ya sea por el poco tiempo o quizás por el contenido de las actividades abordadas.
Cuando abordé con los niños la actividad propuesta, no sabía si de verdad estaba contextualizando el ejercicio, no sabía si los niños estarían aprendiendo algo significativo con lo enseñado, no sabía si mi clase estaba siendo magistral, no sabía nada, yo solo actuaba de acuerdo a mis sentidos. La maestra, quien tomaba nota como si estuviese recogiendo información de un experimento, intimidaba mi labor. A pesar de todo esto, trataba de centrarme en lo que a mi juicio y experiencias de vida, es lo más importante, el reconocimiento, el protagonismo y el amor que se les pueda brindar a los niños, sobre todo a los que nunca alzan su voz en clase, los que nunca se hacen notar, los que nunca son notados…
Lo único que me alienta es el contacto con los niños, sus sonrisas y abrazos cuando me ven, lo agradecidos que se muestran cuando se les explica alguna actividad. En fin, las cosas negativas trataré de mejorarlas y buscar los puntos de quiebre para afinarlos cada vez más. Sé que más adelante encontraré ambientes y personas que me refuercen mi deseo y potencial para ser maestra, que si en éste momento estoy fallando en algo, después me servirá para no errar de nuevo.
Estoy segura de que mi futuro es la docencia; mi familia, mis deseos, mis capacidades y Dios me lo dicen a diario. Amo estar formándome como maestra, y no perderé mis sueños por nada del mundo.
La carta a Paulo Freire logró conmoverme. Katherine... eres un ser maravilloso!! compartir contigo en todos los momentos del seminario fue una experiencia inolvidable. Sigue con ese espíritu en tu formación como maestra.
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